Cómo el programa LAC ha influido en mi compromiso con la rehabilitación cardíaca

Cómo el programa LAC ha influido en mi compromiso con la rehabilitación cardíaca

Cómo el programa LAC ha influido en mi compromiso con la rehabilitación cardíaca

Gabriela Melo Ghisi

Cuando empecé a codirigir la auditoría mundial sobre rehabilitación cardíaca de 2025/2026, mi motivación era tanto profesional como profundamente personal. A pesar de que desde hace décadas hay datos que demuestran los beneficios de la rehabilitación cardíaca (RC) a la hora de reducir la morbilidad y la mortalidad, siguen existiendo enormes desigualdades en cuanto a su disponibilidad y accesibilidad en todo el mundo. En muchos países, la RC o bien no existe o bien solo está disponible para una pequeña parte de quienes la necesitan. Mi motivación siempre ha sido salvar esa brecha: aportar datos que ayuden a que la RC esté al alcance de todos los pacientes que la necesiten, independientemente de dónde vivan.

El proyecto se diseñó con tres objetivos principales: actualizar la situación mundial en cuanto a la disponibilidad y la capacidad de la atención de urgencias (lo cual se llevó a cabo inicialmente en 2016, antes de la pandemia); evaluar los cambios en los modelos de prestación de servicios desde el inicio de la pandemia; e identificar estrategias para mejorar el acceso y la equidad. A principios de septiembre de 2025, completamos con éxito la fase de recopilación de datos, con participación de todas las regiones de la OMS y más de 3 000 respuestas. En los próximos meses, comenzaremos la compleja tarea de analizar los datos.

Este camino, sin embargo, no ha estado exento de retos. Coordinar un estudio de esta envergadura requiere involucrar a las partes interesadas de diversos sistemas sanitarios, sortear las diferencias de idioma y recursos, y garantizar que las realidades locales queden adecuadamente representadas. En algunos países, el mero hecho de determinar si existía la CR exigió perseverancia y creatividad: buscar en páginas web, contactar con ministerios y aprovechar las redes para encontrar personas comprometidas dispuestas a colaborar. En ocasiones, el progreso parecía lento e incierto. Sin embargo, cada respuesta y cada colaboración me recordaban por qué este trabajo es importante.

Fue en este contexto donde el Programa LAC cobró un papel fundamental. La formación no solo me proporcionó herramientas, sino que transformó mi forma de concebir el impacto. Los módulos sobre mensajes persuasivos, la adecuación a las políticas y los objetivos SMART me impulsaron a plantearme el «¿y qué?» de mi trabajo más allá de las publicaciones. La evidencia por sí sola no basta: los responsables políticos, los profesionales clínicos, los pacientes y las comunidades necesitan soluciones planteadas de manera que resuenen y movilicen a la acción.

El marco de la LAC, compuesto por cinco ámbitos de promoción —político, mediático, profesional, comunitario y organizativo—, me ha servido de guía para saber cómo los resultados de nuestra encuesta pueden impulsar un cambio real. Por ejemplo, ahora estoy mejor preparada para comunicar los resultados a los ministerios de Sanidad de los países con mayores necesidades no cubiertas, para involucrar a las asociaciones profesionales en el desarrollo de capacidades y para colaborar con socios mediáticos con el fin de sensibilizar sobre las desigualdades en el acceso a la CR.

Quizás lo más importante es que el programa me ha dado confianza. Saber cómo elaborar un mensaje persuasivo, adaptarlo a diferentes públicos y medir su impacto me ha hecho sentir mejor preparada para la siguiente fase de este proyecto: la transferencia de conocimientos y la defensa de causas. Ya no veo nuestro estudio como una mera iniciativa académica, sino como un catalizador para lograr sistemas sanitarios más sólidos y mejores resultados para los pacientes en todo el mundo.

Al pasar a la fase de análisis de datos, me acompaño de las lecciones aprendidas en el Programa LAC. Estas nos servirán de guía a la hora de traducir los datos científicos en medidas concretas, garantizando que las voces y las necesidades de los pacientes de todo el mundo ocupen un lugar central en la agenda de la salud cardiovascular.