Un ritmo que nunca cesa: Honrar el legado de mi padre
Un ritmo que nunca cesa: Honrar el legado de mi padre
25.07.2025
Al acercarse el Día Mundial del Corazón 2025, llevo conmigo el recuerdo de un hombre cuyo corazón inspiró a todos los que le conocieron: mi padre.
Falleció recientemente, el 3 de junio de 2025, a los 83 años, pero su vida fue un testimonio de fortaleza, fe y voluntad de seguir adelante sin importar las adversidades. Diagnosticado de hipertensión en 1997, de diabetes hace 15 años y, más tarde, de cáncer, afrontó todos los retos con serena valentía. Hace cinco años, su corazón se debilitó: insuficiencia cardiaca, luego bloqueo cardiaco. A los 79 años le pusieron un marcapasos y, fiel a su naturaleza, no perdió ni un latido.
Como cardióloga, participé en todas las fases de su tratamiento: controlé su corazón, dirigí su tratamiento y me aseguré de que tuviera las mejores oportunidades posibles. Pero siempre fui su hija en primer lugar, cogiéndole de la mano en todos los altibajos. Los conocimientos médicos me ayudaron, pero fue su fe, su resistencia y su amor inquebrantable lo que realmente nos sostuvo a los dos.
Lo que hizo aún más significativo su viaje es que su historia se convirtió en una fuente de esperanza para muchos de mis pacientes. A los diagnosticados de bloqueo cardíaco, temerosos de lo que significaba vivir con un marcapasos, les decía: "A mi padre le pusieron el suyo a los 79 años, y vivió plenamente". Los pacientes que luchaban contra la insuficiencia cardiaca, cansados y desanimados, oían hablar de su determinación para seguir el tratamiento, tomar su medicación y no rendirse nunca. Su vida dio a otros el valor para luchar por la suya.
Papá no dejó de tomar su medicación ni un solo día. Hacía ejercicio cuando lo toleraba, paseaba a diario siempre que su salud se lo permitía y vivía con intención. Sus últimos días estuvieron llenos de alegría, rodeado de su familia y cantando himnos. El pasado diciembre celebró su 50 aniversario de boda, un hito de amor, fe y resistencia.
Vivió con gracia, sin quejarse nunca, siempre rezando, siempre esperanzado. Aunque su corazón finalmente descansó, su vida me recuerda a mí -y a muchos otros- que podemos vivir plenamente incluso con una enfermedad cardiaca, si actuamos pronto, mantenemos nuestro compromiso y nunca perdemos la fe.
Comparto su historia porque detrás de cada latido está el padre, la madre, un hermano o un amigo de alguien: el mundo de alguien. No esperemos. Escuchemos los latidos que importan, alcemos la voz y actuemos antes de que sea demasiado tarde.
Sigo honrándolo con mi nombre y dando lo mejor de mí a cada paciente al que atiendo.
Nunca perdió el ritmo. No perdamos el nuestro.
#DontMissABeat #DíaMundialDelCorazón
Dra. Beatrice Muthui-Mutua
Médico consultor y cardiólogo
Nairobi, Kenia