COVID-19

La COVID-19 y la salud cardiovascular

La COVID-19 ha tenido un impacto duradero en la salud cardiovascular en todo el mundo. Aunque la fase aguda de la pandemia ya ha pasado, la relación entre la COVID-19 y las enfermedades cardiovasculares (ECV) sigue siendo un ámbito importante de investigación, atención clínica y salud pública.

Los datos recopilados durante la pandemia pusieron de manifiesto que las personas que padecían enfermedades cardiovasculares y otras enfermedades no transmisibles (ENT) corrían un mayor riesgo de padecer una forma grave de la COVID-19 y de fallecer a causa de ella. Al mismo tiempo, la propia COVID-19 se asoció a un mayor riesgo de sufrir complicaciones cardiovasculares.

En la actualidad, la atención se centra cada vez más en los efectos cardiovasculares a largo plazo de la COVID-19, incluido el impacto del «COVID prolongado», así como en las lecciones que ha aportado la pandemia para reforzar la atención cardiovascular y preparar a los sistemas sanitarios ante futuras emergencias de salud pública.

La COVID-19 y las enfermedades cardiovasculares

Diversos estudios realizados en todo el mundo han puesto de relieve la estrecha relación que existe entre la COVID-19 y la salud cardiovascular.[1]

Las personas con enfermedades cardiovasculares preexistentes se encontraban entre las que presentaban un mayor riesgo de sufrir consecuencias graves durante la pandemia. La infección por COVID-19 también se asoció a complicaciones cardiovasculares tanto durante como después de la fase aguda de la enfermedad, lo que refuerza la importancia de prevenir, detectar y tratar las enfermedades cardiovasculares como parte de una atención sanitaria integral.

Estos resultados han puesto de relieve la necesidad de adoptar enfoques integrados para las enfermedades infecciosas y las enfermedades no transmisibles, especialmente en el caso de las personas que padecen enfermedades cardiovasculares.

El «COVID prolongado» y la salud cardíaca

Algunas personas siguen presentando síntomas durante semanas o meses tras haber padecido una infección por COVID-19.[2] A esto se le suele denominar «COVID prolongado» o «síndrome pos-COVID».

El «COVID prolongado» puede presentar diversos síntomas, entre ellos fatiga, dificultad para respirar, dolor torácico y palpitaciones. Las investigaciones en curso están analizando cómo la COVID-19 puede afectar a la salud cardiovascular a largo plazo y qué personas pueden correr un mayor riesgo de sufrir síntomas cardiovasculares persistentes o complicaciones.

Las personas que presenten síntomas nuevos o persistentes tras haber padecido la COVID-19 deben acudir al médico para que se les pueda realizar una evaluación adecuada y se les preste la atención necesaria.

La vacunación y la salud cardiovascular

La vacunación ha desempeñado un papel importante en la reducción de los casos graves, las hospitalizaciones y las muertes por COVID-19, especialmente entre las personas con mayor riesgo debido a su edad o a enfermedades subyacentes.[3]

Para las personas que padecen enfermedades cardiovasculares, mantenerse al día con las vacunas recomendadas sigue siendo un aspecto importante para proteger su salud general. Se recomienda seguir las recomendaciones de los profesionales sanitarios y de las autoridades locales de salud pública en lo que respecta a la vacunación contra la COVID-19.

Lecciones para la atención cardiovascular

La pandemia de COVID-19 puso de manifiesto importantes vulnerabilidades en los sistemas sanitarios de todo el mundo y destacó la importancia de mantener el acceso a los servicios sanitarios esenciales, incluida la atención cardiovascular, durante las emergencias de salud pública.

Entre las principales conclusiones se encuentran:

Garantizar la continuidad de la atención a las personas que padecen enfermedades cardiovasculares

Fortalecimiento de los servicios sanitarios primarios y comunitarios

Garantizar el acceso a los medicamentos esenciales y otras tecnologías sanitarias

Abordar las desigualdades en materia de salud que pueden aumentar la vulnerabilidad durante las situaciones de emergencia

Integración de la salud cardiovascular y otros servicios esenciales en la planificación de la preparación y la respuesta ante una pandemia

Estas lecciones pueden servir de base para las iniciativas destinadas a crear sistemas sanitarios más resilientes y equitativos, mejor preparados para responder a futuras emergencias sanitarias, sin dejar de hacer frente a la carga mundial de las enfermedades cardiovasculares.[4]

La labor de la WHF en relación con la COVID-19 y la salud cardiovascular

Desde el inicio de la pandemia, la Federación Mundial del Corazón ha colaborado con su red mundial para comprender mejor el impacto de la COVID-19 en la salud cardiovascular y defender las necesidades de las personas que padecen enfermedades cardiovasculares.

Este trabajo ha consistido en:

Estudio internacional que analiza la relación entre la COVID-19 y las enfermedades cardiovasculares

Políticas y actividades de promoción en favor de un acceso equitativo a las vacunas y a los servicios sanitarios esenciales

Recursos para profesionales sanitarios y pacientes

Iniciativas que analizan las consecuencias cardiovasculares a largo plazo de la COVID-19 y las lecciones que se pueden extraer para la preparación ante futuras pandemias

De cara al futuro

Aunque la COVID-19 ya no constituye la emergencia mundial que supuso durante los primeros años de la pandemia, sus efectos sobre la salud cardiovascular siguen siendo objeto de estudio. Esta experiencia ha puesto de relieve la importancia de proteger a las personas que padecen enfermedades cardiovasculares, de mantener los servicios sanitarios esenciales durante las crisis y de garantizar que la salud cardiovascular sea un elemento fundamental de la preparación ante futuras pandemias.

La Federación Mundial del Corazón mantiene su compromiso de reunir a la comunidad cardiovascular mundial, compartir datos científicos y promover sistemas sanitarios mejor preparados para proteger la salud cardiovascular ante futuras emergencias de salud pública.


[1]

Sliwa, K., Singh, K., Raspail, L., Ojji, D., Lam, C.S.P., Thienemann, F., Ge, J., Banerjee, A., Newby, L.K., Ribeiro, A.L.P., Gidding, S., Pinto, F., Perel, P. y Prabhakaran, D. (2021) «Estudio global de la Federación Mundial del Corazón sobre la COVID-19 y las enfermedades cardiovasculares»,Global Heart, 16(1), p. 22. Disponible en: https://doi.org/10.5334/gh.950.

[2]

Sliwa, K., Singh, K., Nikhare, K., Kondal, D., Raspail, L., Jain, M., Akter, S., Talukder, S.H., Kato, T., Bertagnolio, S., Rylance, J., Banerjee, A., Narula, J., Pineiro, D., Perel, P., Prabhakaran, D. y la Colaboración del Estudio a Largo Plazo sobre la COVID-19 de la Federación Mundial del Corazón (2025) «Síndrome de COVID prolongado, mortalidad y morbilidad en pacientes hospitalizados con COVID-19 de 16 países: el Estudio Global sobre la COVID-19 de la Federación Mundial del Corazón», Global Heart, 20(1), p. 66. Disponible en: https://doi.org/10.5334/gh.1452.

[3]

Organización Mundial de la Salud. Vacunas contra la COVID-19. 15 de mayo de 2026. OMS https://www.who.int/news-room/questions-and-answers/item/coronavirus-disease-%28covid-19%29-vaccines?adgroupsurvey=%7Badgroupsurvey%

[4]

Organización Mundial de la Salud. 2023. Cuarta ronda de la encuesta mundial sobre la continuidad de los servicios sanitarios esenciales durante la pandemia de COVID-19. Informe provisional https://www.who.int/publications/i/item/WHO-2019-nCoV-EHS_continuity-survey-2023.1