Proteger la salud cardiovascular en un clima cambiante

Heart Café en el ESC 2025

15:30 – 16:30 – Sesión 7

Proteger la salud cardiovascular en un clima cambiante

Aspectos destacados de la sesión

En esta conversación del «Heart Café» de la WHF, el moderador David Lloyd (Fundación Nacional del Corazón de Australia y Consejo de Administración de la WHF) habla con la Dra. María Neira (OMS), el Dr. Hatim Kerniss (Centro Cardiológico Alemán de Bremen) y la Dra. Georgia Chaseling (Universidad de Sídney) sobre cómo predecir la salud cardiovascular en un clima cambiante. El panel analiza cómo las olas de calor, la contaminación atmosférica (PM2,5) y el ruido aumentan el riesgo de infarto de miocardio, ictus y descompensación; por qué enfocar las cuestiones desde la perspectiva de la salud acelera la adopción de políticas; y qué pueden hacer ahora los profesionales clínicos, los alcaldes y los sistemas para desarrollar respuestas resilientes y equitativas en materia de salud cardíaca.

Puntos clave

La relación entre el clima y las enfermedades cardiovasculares es inmediata: las olas de calor y la mala calidad del aire provocan infartos de miocardio, accidentes cerebrovasculares, descompensación de la insuficiencia cardíaca, arritmias y insuficiencia renal aguda, especialmente en personas mayores y en aquellas con enfermedades cardiovasculares preexistentes.

Los argumentos sanitarios influyen en las políticas: replantear la mitigación y la adaptación como prevención primaria y secundaria, respectivamente, ayuda a los responsables de los sectores de la energía, el transporte y el urbanismo a actuar; las opiniones de los profesionales clínicos resultan persuasivas para los medios de comunicación y los responsables políticos.

De los macroclimas a los microclimas: las islas de calor urbanas, los barrios densamente poblados y la escasa presencia de zonas verdes aumentan el riesgo; los datos locales convencen a los responsables municipales para que creen refugios frescos, zonas de sombra, ventilación y zonas de tráfico reducido.

La prevención es mejor que la crisis: los planes de salud ante el calor, las recomendaciones sencillas sobre la exposición al calor (horario de las actividades, hidratación, refrigeración y filtración en interiores) y la comunicación proactiva con los pacientes reducen los ingresos hospitalarios y las muertes evitables.

Hay que tener en cuenta la falta de orientación: los consejos específicos sobre enfermedades cardiovasculares en relación con el calor, la contaminación atmosférica y el ruido son limitados; es necesario actualizar los planes de estudios y los procesos clínicos para que los equipos informen de forma rutinaria sobre los riesgos ambientales.

Desplazamiento y aire interior: en entornos de refugiados y desplazados internos, las prácticas de cocina limpias y la ventilación reducen el riesgo de asma y de enfermedades cardiovasculares tanto en el presente como en el futuro; las medidas medioambientales deben formar parte de la atención de emergencia.

Medición y comunicación: Utilizar el índice de calidad del aire (AQI) local y las alertas por calor (por ejemplo, carteles diarios en la clínica, notas de alta) para fomentar cambios de comportamiento y proteger a los pacientes de alto riesgo.

La equidad ante todo: los costes disuaden del uso del aire acondicionado; hay que dar prioridad a los centros de refrigeración, el apoyo de las empresas de servicios públicos, las zonas de emisiones ultrabajas, el transporte público seguro y la ecologización para proteger a las comunidades con bajos ingresos.

¿A quién va dirigido?

Cardiólogos, médicos de cabecera, personal de enfermería, equipos de salud ambiental, alcaldes y urbanistas, responsables de la gestión de emergencias, funcionarios de salud pública, defensores de los pacientes y ONG que trabajan en temas relacionados con el impacto del calor en la salud, el control de la contaminación atmosférica y la atención cardiovascular adaptada al cambio climático.

CLIMA Y ENFERMEDADES CARDIOVASCULARES – Preguntas frecuentes

¿Cómo aumentan las olas de calor el riesgo cardiovascular?

El calor provoca deshidratación, hemoconcentración, cambios en la presión arterial y la frecuencia cardíaca, y estrés renal, lo que puede desencadenar una descompensación de la insuficiencia cardíaca, un infarto de miocardio, un ictus y arritmias, especialmente en personas mayores y en aquellas con enfermedades cardiovasculares.

¿Qué pueden hacer las personas con enfermedades cardíacas en días en los que la calidad del aire es mala o hace un calor extremo?

Adapta el horario de tus actividades, permanece en espacios interiores frescos y con aire filtrado, hidrátate, evita el esfuerzo físico intenso al aire libre durante las horas de mayor tráfico y sigue los planes de actuación contra el calor y el índice de calidad del aire (AQI) que te haya indicado tu médico.

¿Qué deberían poner en práctica los profesionales sanitarios esta semana?

Publicar en la consulta las alertas locales sobre el índice de calidad del aire (AQI) y las alertas por calor; añadir un apartado sobre seguridad en relación con el calor y la calidad del aire a las cartas de alta; revisar los medicamentos que afectan a la termorregulación; y asesorar a los pacientes de alto riesgo sobre medidas sencillas para reducir la exposición.

¿Qué políticas aportan mayores beneficios colaterales en materia de enfermedades cardiovasculares?

La energía limpia y el transporte, los centros de ecologización y refrigeración urbanos, las zonas de bajas emisiones y el apoyo de las empresas de servicios públicos a la refrigeración —si se aplican con equidad— reducen los niveles dePM2,5, el estrés térmico y los episodios cardiovasculares.